Conocida alrededor del mundo como “la capital internacional de Suiza”, debido a su belleza y diversas organizaciones de carácter global que se ubican en su interior, Ginebra viene ser toda una ciudad agradable para visitar, manteniendo un carácter tranquilo y ordenado que se mezcla con la llamativa arquitectura clásica de una urbe del viejo continente. Intenta dar un ligero paseo por la ciudad en automóvil, para lo cual te brindamos algunas cuantas ideas de alquiler de estos mismos.
Punto imprescindible en Ginebra es la Plaza de Bourg de Four que todavía guarda los ecos medievales de sus ferias comerciales. Muy cerca están las antiguas murallas, el Ayuntamiento y la ecléctica Catedral de San Pedro –suma de estilos arquitectónicos-. Escuchar su carillón es recordar que estamos en la ciudad de los relojeros. Y así lo anuncian las muchas tiendas de lujo que nos encontramos al callejear por su elegante casco antiguo. Las compras son indudablemente un enorme reclamo, pero eso sí, solo para tarjetas a prueba de infartos.
El nivel de vida de Ginebra es envidiado por los ciudadanos más ricos del planeta. Pero pasear esta al alcance de todos y disfrutar de los tempranos rayos de sol en el Parque de los Bastiones es un placer. Aquí se encuentra el Monumento a los Reformadores, que rinde homenaje a la reforma religiosa protagonizada por Calvino y a quien debemos entre otras cosas que en Ginebra la educación pública fuera gratuita desde mediados del siglo XVI.
Muy cerca de la Plaza Nueva, en la parte más recogida del lago, cuando éste vuelve a convertirse en el río Ródano, se encuentra uno de los barrios más bohemios y divertidos de la urbe, un lugar especial dónde abundan las tiendas coloristas y accesibles y los cafés alternativos.
Pero si lo que queremos es disfrutar de las compras en un ambiente relajado lo mejor es coger el tranvía número 12 y llegar en diez minutos a Carouge, una ciudad dentro de la ciudad. Creada por la familia de Saboya en 1780 para competir con la pujante Ginebra hoy es famosa por el estilo mediterráneo de sus casas bajas, las fiestas veraniegas en sus patios traseros, y sobre todo por su calle principal repleta de exclusivas tiendas de artesanía, un paraíso para los adictos al gasto.
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